Aproximación a los grupos de crianza

El pasado 22 de mayo, Christel Keller nos hizo una breve exposición sobre los resultados de su trabajo final de máster acerca de los grupos de crianza de Barcelona, con el objetivo de ayudarnos en el abordaje de los mismos e incorporarlos dentro de la muestra. Keller, recientemente incorporada al equipo del proyecto, es técnica de investigación y doctoranda por la UVic-UCC con una tesis que continua su investigación sobre los grupos de crianza.

Keller empezó su exposición explicándonos que los grupos de crianza son iniciativas autogestionadas en las que personas con necesidades compartidas deciden juntarse para sacar adelante un proyecto. Una de las diferencias de los grupos de crianza con respecto a las guarderías es que las primeras son autogestionadas, mientras que las segundas son de gestión pública o privada. A la hora de explicar su surgimiento, bastantes grupos de crianza parten de la crítica o el prejuicio hacia los modelos educativos de las guarderías, considerándose estas últimas como autoritarias. Otro elemento decisivo son las elevadas ratios de las guarderías públicas, especialmente desde los recortes de 2012, algo que, defienden sus partidarias, hace difícil la realización de un proyecto pedagógico personalizado, así como las quejas respecto al coste de las guarderías, o la falta de plazas disponibles.

Más allá de eso, los grupos de crianza son en sí mismos muy diversos y heterogéneos, desde grupos más comunitarios en los que el trabajo diario recae en las madres y la cuota se basa principalmente en el mantenimiento del espacio, hasta otros en los que se efectúan diferentes externalizaciones y se contrata a personal técnico y educativo para ejecutar las tareas diarias. Según Keller, la externalización es un límite a la hora de considerar un proyecto de crianza compartida como comunitario, ya que al externalizar se quita poder a la dimensión comunitaria. Con la externalización también existe el riesgo de que las personas técnicas no respeten la democracia radical, delegando no únicamente la faena cotidiana, sino también las gestiones y decisiones.

Keller comentó que una de las críticas que se efectúan a los grupos de crianza son en relación a su accesibilidad, tanto a nivel de cuotas como de la barrera del tiempo. En el primer caso, se refiere a que estas sean muy elevadas y puedan ser elitistas. Una accesibilidad económica que depende de la relación existente entre ratios de infantes por personal, cuotas a pagar y salarios. Como se señaló, los grupos de crianza pueden tener trabajo voluntario, contratar a personas externas o una mezcla de ambas cosas, y aquí existe una tensión en relación a la accesibilidad, dado que al contratar las cuotas devienen más altas. Asimismo, cuán mejores son los salarios y las condiciones laborales de las personas trabajadoras, mayores son también las cuotas.

La otra gran crítica relacionada con la accesibilidad es la de la barrera del tiempo, quién accede o puede acceder a ellos en virtud a su disponibilidad horaria, de la que cuelgan dos temas. Por un lado, la propensión en las parejas heterosexuales a que la mujer abandone el mercado laboral, totalmente o parcialmente, con el nacimiento de la criatura para dedicarse a la crianza. Algo a lo que, señala, ayuda el actual contexto macroeconómico precario, la brecha salarial por razón de género y la mistificación del rol de la mujer como madre.

crianaentribuPor otro, está el requerimiento de la autonomía de la gestión del tiempo, que tiene que ver con los tipos de ocupaciones. Acceder a un grupo de crianza es más fácil si no tienes faenas poco rígidas, trabajos de atención al público, encontrándose habitualmente entre los empleos más cualificadas una flexibilidad más autogestionada y no tan dependiente de los intereses del empleador.

En relación a la división sexual del trabajo dentro de los grupos de crianza, el trabajo de cuidados está muy feminizado, especialmente en los turnos diarios. Mientras que las asambleas tienden a ser más mixtas, señalando que los grupos de crianza más grandes y con más comisiones suelen estar más masculinizados. En este sentido, en las parejas heterosexuales los hombres suelen sustentar económicamente y facilitar el estar en el espacio, mientras que existe en los discursos una hipervisibilización de aquellos hombres que participan más, despertando admiración el hombre cuidador y “maternal”.
En relación a los equipos educativos, estos, como todos los del ámbito de los cuidados, están muy feminizados y precarizados. Los salarios suelen ser bajos y hay situaciones de informalidad: jornadas parcialmente o completamente en negro, o educadoras sin baja de maternidad fueron solo algunos de los ejemplos que se señalaron.casa-de-fusta-600x800

Otro punto conflictivo es el tema de las creencias acerca de la persona criada, vinculada con la pedagogía respetuosa de poner a las criaturas y sus necesidades en el centro, algo que crea tensiones debido a que casa muy bien con la sublimación, naturalización y mistificación de la maternidad. Keller explicó que también ha habido un cambio social en la valorarización de las criaturas, que han pasado, en las últimas décadas, de ser mano de obra a ser fuente de felicidad. Algo que no se reduce únicamente al marco de los grupos de crianza, sino que es algo más amplio y de la sociedad en general.

En la segunda parte, el foco se desplazó hacia la vinculación de los grupos de crianza con el proyecto de investigación y en la selección de casos para la muestra.

0 Comentarios

Contesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

*

CONTACT US

Enviando

Crisis y alternativas en femenino

Inicia Sesión con tu Usuario y Contraseña

¿Olvidó sus datos?